La misión de vida de los rescatistas serenenses en La Guaira
El termómetro superaba los 40 grados en el estado de La Guaira y el dolor de la tragedia se respiraba en el aire. Habían pasado dos días desde el doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio, dejando un saldo de al menos 2.295 fallecidos y una estela de devastación absoluta. El escenario era catastrófico.
Hasta esa «zona cero», entre edificios colapsados y la desesperación de cientos de familias, llegó el contingente chileno del grupo de rescate USAR BOCH (Urban Search and Rescue – Bomberos de Chile), con 12 toneladas de equipamiento. En la primera línea de esta misión internacional destacaron tres voluntarios del Cuerpo de Bomberos de La Serena: Jessica Contreras, Francisco Polanco, Nadionar Polanco. El Primer Comandante de Bomberos La Serena Felipe Geraldo, dijo que este equipo escribió una de las páginas más emocionantes y crudas de la historia bomberil reciente.
La Realidad
A diferencia de otros sismos en los que han participado, el escenario que recibió a los chilenos superó cualquier simulación. El equipo aterrizó un en un aeropuerto militar dañado y, tras una exhaustiva logística para movilizar su carga, llegaron a la zona cero.
«Llegamos allá el día viernes. Es decir, cuando estaba todo revolucionado, cuando todos buscaban a sus familiares. La temperatura a esa hora que nosotros llegamos era sobre los 40 grados, por lo tanto la descomposición de los cadáveres se hizo más rápido», relata Nadionar Polanco, quien a sus 59 años carga con la experiencia de casi cuatro décadas de servicio bomberil.
Para su hijo, Francisco Polanco (26 años), bombero aeronáutico y el integrante más joven del equipo, el impacto inicial fue abrumador. Acostumbrados a una preparación de élite, el choque con la realidad fue inmediato.
«El USAR Bomberos de Chile se caracteriza por estar en un constante entrenamiento, pero esto no era un entrenamiento y era la realidad (…) Nos bajamos a trabajar rápidamente porque nosotros veíamos la urgencia que necesitaba la gente. Y al bajarnos fue algo impactante, la desesperación de la gente, el olor que se sentía en el ambiente también, el nivel de desesperación, el nivel de estrés… todo el mundo desconcertado».
El rescate de Hernán Gil
El hito que marcó la misión chilena fue la compleja liberación de Hernán Gil, un venezolano de 43 años que resistió sepultado en un edificio residencial en el sector de Playa Grande.
Jessica Contreras, enfermera técnica y directora de la Sexta Compañía de La Serena, dimensiona la magnitud del colapso estructural. «Él se encontraba en su puesto de trabajo en la garita, como en un subterráneo, y cayeron más de 7 pisos sobre él y se derrumbó el edificio completo. Él quedó con este espacio vital ahí», detalla la rescatista.
Localizarlo fue solo el inicio. Nadionar Polanco y su equipo fueron los responsables de ese vital hallazgo inicial:
«A nosotros nos tocó tomar contacto con don Hernán Gil por primera vez. Entonces ahí nosotros definimos que ese era un sitio de trabajo y que teníamos que rescatar a don Hernán pese a todas las condiciones de inseguridad que había».
Fue una operación milimétrica que rozó las 100 horas de tensión. Tras el hallazgo, la maquinaria de rescate internacional se puso en marcha. Según detalla Nadionar, la maniobra se transformó en «una tremenda operación de una gran fuerza de tarea que partió por Chile y después fue apoyada por equipos de Estados Unidos, de México, de Costa Rica, de Portugal». Tras días de cavar, incluso a mano, entre el polvo y el riesgo latente de nuevas réplicas, lograron sacarlo con vida. «He renacido», declararía Gil más tarde.
El rescate en La Guaira no solo exigió destreza técnica, sino que expuso a los voluntarios a dilemas emocionales profundos. Las familias venezolanas se acercaban a los chilenos rogando recuperar los cuerpos de sus muertos. «Sentimentalmente nos afectó, pero el profesionalismo nos hizo trabajar sobre todos esos sentimientos. ¿Qué hacemos? ¿Seguimos buscando vivos o recuperamos los fallecidos? Al final decidimos por lo primero», confiesa Nadionar.
La misión tuvo, además, una carga psicológica adicional para él: comandar un rescate de proporciones dantescas mientras veía a su propio hijo arrastrarse por túneles inestables donde los sensores láser alertaban sobre inminentes derrumbes.
«Yo que estaba dirigiendo desde afuera, imagínese cómo me sentía. Sacábamos el profesionalismo adelante, ‘dale, dale’, pero por dentro sentíamos esa necesidad de que saliera rápido porque si le pasaba algo, no solamente a él, a todo el equipo…», relata el veterano bombero.
Por su parte, Francisco lidiaba con la adrenalina y la impotencia protectora de su padre: «Yo quería ir, le decía que me dejara, que yo para esto entreno… pero él me decía, ‘no, tranquilo’. Pero igual siempre me tocaba entrar. En algún momento me quedaba ahí un poco asustado porque no sabías a dónde estabas, si ibas a salir o no».
El miedo existía
El miedo, sin embargo, es una herramienta más en el inventario del rescatista. Jessica Contreras lo explica con la claridad de quien salva vidas a diario: «En general es parte de nuestras labores el sentir miedo… el miedo nos ayuda a poder resguardarnos más, a estar muy alerta».
Detrás de este heroísmo, existe un soporte institucional sólido. El Comandante Felipe Geraldo recuerda que este nivel de excelencia es fruto de un proceso de acreditación de equipos de rescate urbano (USAR) que La Serena inició hace 16 años, convirtiéndose en el único equipo clasificado del norte de Chile.
A pesar de la devastación que presenciaron, los bomberos volvieron marcados por la humanidad del pueblo afectado. «La gente de La Guaira, venezolanos muy agradecidos, nos brindaban siempre una mano, estaban pendientes de qué pudiéramos necesitar nosotros», reflexiona Jessica.
Antes de cerrar su testimonio, Francisco Polanco se toma un segundo para enviar un mensaje directo a la comunidad venezolana en Chile que sigue sufriendo la distancia y la incertidumbre:
«Que se queden tranquilos de que hay mucha gente trabajando para poder encontrar a sus familiares (…) Lo llevo con el mayor orgullo posible: haber representado a mi país, haber representado al Cuerpo de Bomberos de La Serena, y haber representado a mi Primera Compañía».
