Invierno demográfico: ¿Quién mecerá las cunas en La Serena?
La imagen de los parques de La Serena con cada vez menos niños no responde a una percepción nostálgica, sino a una realidad respaldada por las estadísticas. Las cifras más recientes del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) confirman que Chile atraviesa un profundo invierno demográfico y que la Región de Coquimbo forma parte de esta tendencia.
Durante 2024, la región registró 5.759 nacimientos, 671 menos que el año anterior. A nivel nacional, los nacidos vivos alcanzaron los 154.441, lo que representa una disminución de 11,3% respecto de 2023. Al mismo tiempo, la tasa global de fecundidad se sitúa en torno a 1,03 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1. Estas cifras reflejan un fenómeno complejo, donde el alto costo de la vida, la incertidumbre económica, las dificultades para acceder a una vivienda y la escasa conciliación entre trabajo y familia influyen decisivamente en la postergación o renuncia a la maternidad y la paternidad.
La experiencia internacional ofrece lecciones valiosas. Corea del Sur, pese a destinar cuantiosos recursos públicos para incentivar la natalidad, continúa registrando la tasa de fecundidad más baja del mundo. Su experiencia demuestra que los incentivos económicos, por sí solos, no logran revertir una tendencia marcada por extensas jornadas laborales, elevados costos de crianza y una cultura que dificulta compatibilizar la vida familiar con el desarrollo profesional.
En contraste, países europeos como Francia y Suecia han conseguido amortiguar el descenso de la natalidad mediante políticas familiares sostenidas durante décadas. Ambos destinan una proporción significativa de sus recursos públicos al apoyo de las familias, combinando redes de cuidado infantil de alta calidad, permisos parentales amplios y políticas de corresponsabilidad que permiten distribuir de mejor manera las tareas de crianza entre hombres y mujeres. Aunque tampoco han escapado al descenso demográfico, mantienen indicadores superiores al promedio europeo gracias a una estrategia integral y de largo plazo.
La Región de Coquimbo no puede observar este fenómeno como una estadística distante. El envejecimiento de la población tendrá consecuencias sobre la fuerza laboral, el desarrollo económico, los sistemas de salud y las pensiones. Si queremos asegurar el recambio generacional, la responsabilidad no puede recaer únicamente sobre las familias. Se requiere una estrategia que promueva una mejor conciliación entre trabajo y vida personal, amplíe la oferta de salas cuna y jardines infantiles de calidad, incentive la corresponsabilidad y genere condiciones que permitan formar una familia sin que ello implique un sacrificio económico desproporcionado.
El invierno demográfico ya dejó de ser una advertencia para transformarse en una realidad. La pregunta no es cuántos niños nacen hoy, sino qué estamos dispuestos a cambiar para que las futuras generaciones vuelvan a llenar de vida nuestras plazas, escuelas y barrios.
