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El soplido perfecto: cómo Wankara reinventó el folclore andino con tecnología envolvente

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En una amena conversación, de esas que transcurren con la pausa y la profundidad que solo otorgan los años de experiencia, la revista Mirada Clave dialogó con Eduardo Pérez. A sus 67 años y siendo padre de cuatro hijos, Eduardo es el director, arreglista y el corazón indiscutido del grupo musical Wankara.

Su historia no es solo la de un músico, sino la de un proyecto que ha sabido navegar por las exigentes mareas de la evolución tecnológica y la internacionalización del folclore.

Los cimientos de Wankara se remontan al año 1970, naciendo bajo el alero del Departamento de Cultura de la Universidad Técnica del Estado (UTE) en la ciudad de Antofagasta.

Eduardo recuerda sus inicios con una mezcla de nostalgia y humildad. Entró a la agrupación alrededor del año 1972, cuando apenas cursaba el octavo básico o primero medio, motivado por un profesor de música de su colegio. «Yo siempre fui tímido», confiesa Pérez, recordando que al principio sentía que no estaba a la altura de un grupo universitario que ya tenía un recorrido, pero su destreza inicial con la guitarra, la zampoña y la quena le abrió las puertas.

El punto de inflexión para Eduardo llegó de manera inesperada durante una presentación en la icónica Plaza Colón de Antofagasta. El grupo iba a compartir escenario con artistas ya consolidados en la época, sin embargo, el charanguista oficial de Wankara no se presentó. Eduardo, quien había aprendido a tocar el instrumento en su casa gracias a un amigo boliviano de la familia, tuvo que asumir el rol precipitadamente. «Me dijeron: ‘¿qué vas a hacer? Toca charango tú'», recuerda entre risas. Aquel episodio fortuito no solo lo consolidó como charanguista, sino que marcó el inicio de su camino hacia la composición y, eventualmente, la dirección musical total de la agrupación.

La línea musical de Wankara siempre se distinguió por mantenerse alejada de la canción de protesta, inclinándose genuinamente hacia temáticas como el amor y composiciones de carácter más jocoso.

En su búsqueda por encontrar audiencias durante sus primeros años, la banda tocaba en diversos escenarios y grandes eventos masivos simplemente porque representaban valiosas oportunidades de exposición y la posibilidad de presentarse frente a grandes públicos, manteniendo intacta su esencia artística.

El salto internacional y los años de consolidación

Buscando nuevos horizontes, el año 1980 marcó el inicio del éxodo de la banda hacia Ecuador. El destino específico fue Guayaquil, motivados por un amigo economista llamado Mario Vega, quien instaló en la ciudad ecuatoriana la primera peña folclórica, completa con empanadas, vino navegado y un cálido ambiente bohemio.

Allí, la música andina era profundamente respetada y valorada en ciudades como Quito, Ambato, Riobamba y Cuenca. En tierras ecuatorianas, la agrupación dejó un legado palpable grabando cuatro discos de vinilo y un CD, sumando posteriormente grabaciones en Colombia y en Alemania.

El retorno definitivo a Chile se materializó en el año 2022. Hoy en día, la conformación de Wankara es el reflejo de su carácter transnacional: Eduardo es el único integrante chileno original que queda en el ensamble, mientras que el resto de los talentosos músicos son de nacionalidad ecuatoriana y venezolana.

Tecnología Dolby Atmos y el rescate del viento

Actualmente, la agrupación se encuentra en un apasionante proceso de redescubrimiento tecnológico y musical. Acaban de lanzar su último sencillo en plataformas digitales, titulado «Incertidumbre Sinfónico», una composición que Eduardo creó cuando tenía apenas trece o catorce años y que había sido grabada originalmente en Ecuador a mediados de los ochenta.

La razón de esta exigente regrabación radica en el perfeccionismo de su director. Eduardo explica que en los grandes estudios analógicos de antaño, los ingenieros de sonido no permitían capturar la respiración del músico ni el roce de los dedos, considerando que eso ensuciaba la pista. Al tratarse la zampoña y la quena de instrumentos aerófonos naturales, el soplido es parte esencial de su identidad sonora.

Para saldar esta deuda acústica y recuperar la textura real de los instrumentos, el grupo trabajó arduamente en el Estudio Serena, junto a Mauricio Flores y con sofisticados arreglos sinfónicos de Luis Gálvez. La gran novedad de esta producción es la utilización de la tecnología Dolby Atmos, un formato envolvente de 360 grados. El objetivo de Eduardo es que la audiencia pueda sentir la música volando por el espacio, percibiendo los sonidos por encima de su cabeza tal como si estuvieran presenciando la grabación en vivo dentro del mismo estudio.

El esfuerzo de esta reinvención está rindiendo frutos. Recientemente, Wankara se presentó en Colombia, deslumbrando a más de 16.000 personas en los carnavales de Pasto y realizando aplaudidas presentaciones en Túquerres.

Eduardo Pérez y Wankara siguen proyectando giras internacionales y continúan buscando la excelencia, demostrando que el folclore andino, al igual que su innovador sonido, no tiene límites ni fronteras.

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