La mitad del camino

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Por: Sombrero Negro Columnista

Destrabar una obra de infraestructura siempre es una buena noticia.

La decisión de dividir el proyecto vial para La Serena y Coquimbo en dos etapas —comenzando por las mejoras en la Ruta 5 urbana y dejando la circunvalación para una fase posterior— aparece como una salida pragmática luego de las observaciones formuladas por el Panel Técnico de Concesiones.

Frente al riesgo de prolongar la incertidumbre, el Gobierno optó por reformular la iniciativa para mantener su viabilidad y evitar que una inversión largamente esperada volviera a quedar en suspenso.

El sector de la construcción observa con optimismo la posibilidad de reactivar una obra capaz de generar empleo y dinamizar la economía regional.

Sin embargo, para quienes enfrentan diariamente la congestión vial, el entusiasmo convive con una inquietud legítima: que la segunda etapa termine diluyéndose entre nuevas prioridades, cambios administrativos o futuras restricciones presupuestarias.

En esa línea, CIDERE ha planteado que la división del proyecto solo tendrá sentido si desde ahora se establecen mecanismos claros que aseguren la continuidad de la circunvalación. No se trata de una objeción al avance de la primera fase, sino de evitar que una solución transitoria termine convirtiéndose en definitiva.

A ello se suman las advertencias formuladas por la Multigremial, que ha insistido en la necesidad de resguardar los estándares originalmente proyectados para mejorar la capacidad vial y reducir los tiempos de desplazamiento.

La preocupación apunta a que la reformulación no implique renunciar a elementos esenciales del diseño inicial, precisamente aquellos llamados a ofrecer una solución estructural al creciente flujo vehicular que soporta el área metropolitana.

Mientras el transporte interprovincial continúe ingresando al centro de ambas ciudades para llegar a sus terminales, parte importante de la congestión seguirá concentrándose en la trama urbana, aun cuando futuras obras permitan desviar su tránsito.

La Región de Coquimbo necesita destrabar inversiones estratégicas. La desaladora, la modernización de la infraestructura vial y otros proyectos de alto impacto forman parte de una agenda indispensable para recuperar competitividad y calidad de vida.

Pero tan importante como iniciar las obras es asegurar que las soluciones lleguen completas. De lo contrario, el riesgo es celebrar el comienzo de un proyecto cuya respuesta definitiva quede, una vez más, pendiente.

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