La Serena frente a la pantalla: memoria e historia de sus antiguos cines
La historia cinematográfica de La Serena comenzó en las primeras décadas del siglo XX, cuando el cine transformó el entretenimiento y la sociabilidad local. Asistir a una función no era solo contemplar imágenes en pantalla: era vivir una experiencia colectiva que vinculaba modernidad, vida urbana y encuentro social.
Los registros sitúan en 1912 una de las primeras salas de películas mudas en la ciudad, ubicada en la esquina de las calles Brasil y O’Higgins. La iniciativa de Badul & Nazar Ltda. introdujo aquellas producciones con un solo proyector. Por ello, cada cambio de rollo obligaba a interrumpir la función, mientras las imágenes se acompañaban con música en vivo.
En una ciudad que todavía conservaba calles de tierra y ritmos muy distintos a los actuales, el cinematógrafo fue una ventana al mundo. A través de la pantalla, el público serenense observó ciudades lejanas y acontecimientos que hasta entonces solo conocía por la prensa, la literatura o los viajeros.
El Cine Royal
El primer gran hito de esta historia llegó con la inauguración del Cine Royal en abril de 1914. Ubicado en calle Balmaceda, este establecimiento incorporó mayor comodidad y consolidó al cine como la principal actividad recreativa local.
El Royal fue más que una sala: se transformó en un punto de reunión para familias y jóvenes. En torno a sus funciones se organizaban paseos y charlas que seguían tras la película. El espectáculo comenzaba antes de apagarse las luces, pues asistir al cine significaba dejarse ver y ser parte de la vida social.
Estos recintos modernizaron las costumbres urbanas. El cine modificó el tiempo libre, introdujo modas y conectó a La Serena con los cambios de Chile y el mundo. En la década de 1920 el cine mudo alcanzó su apogeo nacional, antes de que las películas sonoras transformaran radicalmente la experiencia.
Teatro Centenario
Décadas más tarde surgió el recinto que perduraría en la memoria de varias generaciones: el Teatro Centenario. Situado en Cordovez con Los Carrera y perteneciente al Arzobispado, fue inaugurado el 8 de febrero de 1950, convirtiéndose en un referente cultural clave.
Su apertura coincidió con las transformaciones del Plan Serena. Mientras la ciudad renovaba su arquitectura y carácter monumental, el Centenario ofrecía un espacio moderno para el cine, ceremonias y el encuentro comunitario.
Durante décadas, sus butacas recibieron a generaciones que hicieron del séptimo arte una tradición. Para muchos, recordar una película en el Centenario significa evocar la infancia, los primeros amores y una forma de habitar el centro histórico hoy distante.
Con el tiempo, la televisión, los videoclubes y los cines de mall modificaron los hábitos del público. El Centenario enfrentó cierres y controversias sobre su futuro, pero su importancia excede su valor material: representa un pilar fundamental de la memoria serenense. Aunque algunas fuentes fechan los esbozos del proyecto en 1948, los registros oficiales marcan su apertura en 1950. Más allá de este debate, las investigaciones históricas desarrolladas confirman que teatros y cines fueron verdaderos núcleos de modernidad e identidad urbana.
La relación local con los orígenes del séptimo arte recobró vida en 1993 con el Festival Internacional de Cine Mudo. Esta iniciativa, recordada hasta 2011, permitió al público reencontrarse con el lenguaje original. Las funciones con música en vivo recuperaron la experiencia de principios del siglo XX, demostrando que el cine es un patrimonio vivo de películas, edificios, prácticas sociales y memorias compartidas.
Proyección patrimonial
La historia de estos recintos refleja las transformaciones de la ciudad por más de un siglo. Desde aquellas cintas mudas proyectadas con un único aparato, hasta el esplendor del Royal y la trascendencia del Centenario, cada sala fue testigo de una forma única de vivir la época.
Conservar esta memoria no es solo proteger edificios históricos, sino también rescatar fotografías, carteleras y testimonios. Allí permanece la historia cotidiana de La Serena: una ciudad que aprendió a contemplar el mundo cuando las luces se apagaron y, por primera vez, las imágenes comenzaron a moverse sobre una pantalla.
